Si las cabinas hablaran…

Por: Silvana Gómez Trujillo

Psicóloga especialista en aviación

¿Qué pasa en una cabina?

Medellín. A las 5:10 de la mañana ya estaba subiendo a un avión para volar una ruta internacional abordo de la cabina. Mi trabajo era de "observador" solo para verificar habilidades no técnicas en la tripulación. Siempre que iba, me subía ansiosa, los Psicólogos también padecemos este síntoma. En esta ocasión, era por las ganas que tenia de compartir en cabina con los tripulantes y escuchar en cada fase de vuelo algo de su inconsciente, ese que revelan sin notarlo.

Durante el vuelo, podía olfatear los nervios, no se acostumbra a llevar un Psicólogo en cabina y menos, experto en operar con su mirada clínica abordo. Mientras me miraban con algo de desconfianza, me tomé 1 café y rompí el hielo de esa cabina estéril, le pregunté al Primer Oficial, ¿cuánto tiempo llevaba volando? Mientras programaba los computadores y sin mirarme, me contestó, ‘’lo suficiente para temerle a los Psicólogos’’, me reí y le dije, ‘’estamos estigmatizados”.

Con ese comentario, tuve para darle un giro a mi carrera, a mi formación y a mi filosofía laboral, desde que empecé a enamorarme de este sector, siempre tuve en mi mente que mi objetivo era formar parte de la solución y no del conflicto. En aviación, el que no aporta a una operación segura, no hace parte del equipo, o por lo menos, no brinda soluciones. Y en ese orden de ideas, en mi opinión, la mirada del Psicólogo es fundamental y en aviación, es el corazón de la salud mental gremial.

Las empresas suelen acudir al rol del Psicólogo después del problema, cuando viene la crisis o cuando hay que ‘’apagar el incendio’’ y en mi caso, mi presencia en esa cabina era algo así como ‘’arreglar’’ los problemas mentales de los tripulantes, quienes habían sido reportados por altos niveles de estrés y baja consciencia situacional. Mientras cumplía mi misión y mi función empresarial, pensaba en algo muy importante que reafirmaba mi posición profesional, los psicólogos somos un fuerte factor de motivación hacia el cambio positivo en quienes nos rodean, no somos agentes espías que llevan y traen información para descartar cabezas y sembrar miedo. Así fue, como me dispuse a disfrutar el vuelo y dar un giro de 180 grados a mi observación.

En la cabina, se perciben mas sensaciones que el estrés y la baja consciencia situacional de sus ocupantes. Las veces que he volado en ellas he percibido varias cosas, no solamente hay una tripulación, también hay dos almas encendiendo los motores de su vida, arriesgando el pellejo a diario y sacrificando días y momentos importantes con sus familias. Si las cabinas hablaran contarían historias de largas despedidas, encuentros espontáneos y secretos compartidos. Si las cabinas hablaran, nos contarían que la "cabina estéril" habla más que cuando se está en altitudes de crucero, se siente la ansiedad, la emoción en algunos y la sensación de adrenalina en otros.

En las cabinas hay entre 2 y 4 plazas pero muchas veces se convierten en divanes, sus ocupantes dejan en el aire sus incertidumbres, angustias y problemas de pareja, anhelando tener un manual de procedimientos para la vida y mitigar el riesgo. A veces hasta los peores problemas políticos encuentran solución allá arriba. Si las cabinas hablaran, nos contarían que más allá de tener horas de vuelo y experiencias operacionales, sus Tripulantes vuelan comprometidos con su pasión, esa que gracias a ella podemos disfrutar de cada despegue y cada aterrizaje, llevándonos de un lado al otro y sin darnos cuenta de quienes están al mando. Si las cabinas hablaran, nos daríamos cuenta de lo importante que es elegir "buenos" seres humanos y no solo Pilotos llenos de horas de vuelo para volar en ellas.

Es por esto que me resulta importante promover la verdadera labor nuestra, como Psicólogos Aeronáuticos debemos entrar en el corazón de la operación, observar con cautela los comportamientos y generar estrategias que ayuden a optimizar competencias y habilidades no técnicas, no solo en pro de la empresa, sino en pro de ese ser humano que busca ser escuchado, teme hablar, teme pedir ayuda y esto, debe cambiar. Debemos intentar ir a la raíz del problema, porque de nada sirve apagar el incendio y no mejorar frente a la crisis.

Mi propuesta, va más allá, busca generar espacios de entendimiento, promoviendo el desarrollo, el aprendizaje y, sobre todo, evitando ser punitivos frente al error, sino aprender de este de una manera resiliente. Nadie es capaz de encontrar la solución a un conflicto si no tiene la humildad de reconocer que el conflicto, por lo menos, existe.

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